jueves, 8 de mayo de 2025


 

COMPLEJO EDUCATIVO CATÓLICO JUAN XXIII

SANTA ANA

 

 

Asignatura: Estudios Sociales

 

Tema: El nuevo orden económico mundial

 

Integrantes:

Ø  Joel Antonio Calendario Cardona #4

Ø  Samuel Fernando Morales Ramos #22

 

Docente: Guísela Esmeralda Castillo de Lemus

 

Grado y sección: 2G “C”

 

Fecha: viernes 7 de marzo 

El impacto de la globalización en el mercado nacional e internacional

La globalización económica ha sido un proceso complejo con raíces profundas en la historia, y su evolución ha estado influenciada por diversos acontecimientos. Aunque algunos historiadores consideran que sus orígenes pueden rastrearse hasta la expansión de los antiguos imperios, otros ubican su consolidación en el siglo XX, especialmente en la década de los 60. En este contexto, la globalización ha estado vinculada a tres momentos históricos cruciales que definieron su desarrollo: la conquista y colonización de América, la Revolución Industrial con su expansión colonial en el siglo XIX y el impulso cultural y tecnológico que se fortaleció tras la Segunda Guerra Mundial, principalmente desde la década de los 70 hasta la actualidad. Estos eventos no solo marcaron el inicio de un comercio internacional más dinámico, sino que también establecieron las bases de una economía global interdependiente.

Desde la perspectiva económica, la globalización ha permitido la expansión de las corporaciones internacionales, las cuales han extendido su presencia en diversas regiones del mundo. La evolución de este fenómeno comenzó con la modernización de los Estados, un proceso que incluyó la privatización de servicios básicos y la apertura de mercados nacionales a la inversión extranjera. Con el tiempo, esto facilitó la consolidación de una economía global en la que las empresas transnacionales han jugado un papel central, estableciendo filiales en distintos países y diversificando sus operaciones en función de las dinámicas del mercado internacional. Este escenario ha llevado a una progresiva integración económica, en la que los bienes y servicios se producen y distribuyen de manera más eficiente, aunque también ha generado dependencia entre economías nacionales.

A pesar de los beneficios evidentes en términos de acceso a tecnología, expansión comercial y modernización de los mercados, la globalización económica también presenta múltiples desafíos. La creciente concentración de poder en manos de grandes corporaciones ha generado desequilibrios económicos, aumentando la desigualdad en la distribución de recursos y marginando a ciertos sectores laborales. Asimismo, la interconectividad de los mercados implica que las decisiones económicas tomadas en un país pueden tener repercusiones globales, lo que hace que las economías sean más vulnerables a crisis financieras. Si bien la globalización ha impulsado el crecimiento económico en muchas regiones, también ha planteado interrogantes sobre su impacto en la soberanía nacional y en las oportunidades de desarrollo para los países menos industrializados.



Las características de la economía global

 La economía global se basa en la interdependencia entre países, un fenómeno que ha ido en continuo crecimiento con la evolución del comercio internacional y la expansión de las empresas multinacionales. En la actualidad, la fabricación de cualquier mercancía de mediana elaboración o complejidad suele involucrar procesos de producción distribuidos en diversas regiones del mundo. Es poco frecuente que una sola empresa, corporación o país se encargue de la fabricación de todas las partes de un producto; por el contrario, estas son diseñadas y manufacturadas por distintas compañías ubicadas en varios países antes de ser ensambladas en fábricas especializadas. Esta descentralización de la producción responde a la necesidad de reducir costos y aprovechar las ventajas competitivas de cada mercado, lo que ha fortalecido la integración de las economías y ha facilitado la transferencia de tecnología entre naciones.

Cuatro grandes ejes definen el funcionamiento de la economía global. En primer lugar, el crecimiento del comercio internacional ha sido un factor clave en la expansión económica, con cifras que demuestran su impacto: mientras que en 1970 el comercio mundial de mercancías alcanzaba los 300,000 millones de dólares, para el año 2001 esta cifra ascendió a casi 6.2 billones de dólares. En este sentido, la mejora de los sistemas de transporte ha desempeñado un papel fundamental, ya que ha permitido el desplazamiento eficiente de bienes a través de grandes distancias. En segundo lugar, la mundialización de la producción ha sido otro pilar de la economía global, con un alto porcentaje del comercio y la producción mundial en manos de multinacionales. A inicios del siglo XXI, las mil empresas más grandes del mundo concentraban aproximadamente el 80% de la producción industrial global y más del 45% de las exportaciones mundiales, lo que refleja la importancia de estas corporaciones en el sistema económico internacional.

El tercer factor clave es el auge de los flujos financieros, cuyo impacto se ha incrementado exponencialmente en las últimas décadas. Se estima que cada día circula alrededor de un billón de dólares en el mundo, pero la mayoría de estas transacciones no están directamente relacionadas con la compra de mercancías o servicios, sino que responden a operaciones en los mercados financieros donde grandes instituciones buscan obtener beneficios mediante la compra y venta de monedas, bonos y fondos de inversión. Finalmente, el cuarto eje fundamental es la interrelación de todos los mercados del planeta, lo que significa que una decisión tomada por un gobierno, una corporación o una institución financiera puede provocar reacciones en diversas economías. Por ejemplo, una fluctuación en los precios del petróleo en Estados Unidos puede afectar la bolsa de valores de Japón, evidenciando la conexión entre las diferentes economías y la influencia mutua en sus dinámicas financieras.







El impacto de la globalización en el mercado nacional e internacional

La globalización ha transformado la manera en que los gobiernos gestionan sus economías, disminuyendo sus márgenes de decisión autónoma dentro de su propio territorio. A medida que las naciones se han integrado más al comercio internacional y a los mercados financieros globales, su capacidad para tomar decisiones sin considerar factores externos se ha reducido considerablemente. Este fenómeno ha generado una disminución de la soberanía nacional, la cual se manifiesta de dos formas: de hecho, por la influencia política y económica que ejercen los actores globales sobre los gobiernos, y de derecho, cuando se firman acuerdos y tratados internacionales o se crean entidades supranacionales como la Unión Europea y el Tribunal Internacional de La Haya. A través de estas estructuras, los países deben adaptar sus políticas económicas a un marco global que, aunque ofrece ciertas ventajas, también limita sus opciones de acción.

La complejidad que enfrentan los gobiernos en la actualidad radica en la necesidad de equilibrar los intereses de sus ciudadanos con las presiones impuestas por organismos financieros internacionales y corporaciones multinacionales. En muchos casos, esto ha llevado a la privatización de servicios básicos, la eliminación de subsidios esenciales y la reducción del apoyo a sectores clave como la educación. Las decisiones gubernamentales no solo responden a las necesidades internas, sino que deben alinearse con las expectativas de los mercados globales, lo que ha generado críticas sobre el impacto de la globalización en la calidad de vida de los ciudadanos. A medida que los gobiernos priorizan compromisos adquiridos en acuerdos internacionales, las políticas económicas nacionales han cambiado, favoreciendo el crecimiento de grandes corporaciones mientras sectores vulnerables quedan marginados.


Aunque la globalización ha impulsado el desarrollo económico y ha facilitado el acceso a nuevas oportunidades comerciales, también ha generado desigualdades y ha modificado la estructura del mercado laboral. El libre comercio ha beneficiado a las grandes empresas y ha promovido la competitividad, pero ha reducido la estabilidad y seguridad para muchos trabajadores, especialmente en sectores donde los salarios han sido afectados por la reducción de costos empresariales. En este contexto, los gobiernos enfrentan el desafío de encontrar un equilibrio entre el crecimiento económico y la protección de los derechos laborales, asegurando que los beneficios de la globalización sean más equitativos. La regulación de los mercados y la implementación de políticas inclusivas serán fundamentales para mitigar los impactos negativos de este proceso global y garantizar un desarrollo sostenible.






Las revoluciones industriales


Durante el siglo XX, el mundo fue testigo de una revolución en el desarrollo científico y tecnológico impulsado por las necesidades de la guerra y la competencia internacional. Este proceso tuvo como base el conocimiento acumulado desde la Revolución Industrial, destacando el papel de la tecnología militar en los avances científicos. La ciencia comenzó a organizarse en instituciones especializadas, lo que permitió enfocar los esfuerzos en la investigación y en la aplicación práctica.

Uno de los elementos clave de este desarrollo fue el impacto de la ciencia en el crecimiento económico y social. La brecha entre países desarrollados y en desarrollo se amplió debido al acceso desigual a la ciencia y la tecnología. Además, muchos países sufrieron la fuga de cerebros, es decir, la emigración de profesionales capacitados hacia lugares con mayores oportunidades. Este fenómeno reflejó la importancia del capital humano como motor del progreso.

El siglo XX también marcó el inicio de nuevas eras tecnológicas como la Era Atómica, la conquista del espacio, la informática, la robótica y la ingeniería genética. Cada una de estas etapas estuvo sustentada en avances científicos y técnicos que transformaron radicalmente la forma en que vivimos y trabajamos, dando continuidad al legado de la Revolución Industrial, pero con un alcance global y una velocidad sin precedentes. 




Inicios de la globalización económica mundial


El impulso de la globalización económica mundial se refleja en el crecimiento y consolidación de nuevos núcleos urbanos, que generan una dinámica transformadora. Las ciudades impulsaron la creación de nuevas instituciones políticas y económicas, así como la formulación de normas comerciales y actitudes hacia el tiempo, el riesgo y el trabajo. La expansión del comercio permitió la independencia de las transacciones, despojándolas de la necesidad de especificar productos, lo que facilitó el intercambio global.

En la edad contemporánea, los líderes políticos favorecieron el crecimiento económico porque entendieron que aumentaba la estabilidad política y la aceptación de sus gobiernos. Sin embargo, en muchos estados preindustriales, el crecimiento del comercio y la población también trajo consigo inestabilidad y nuevos problemas sociales y políticos, afectando la estructura del poder en esos territorios.

En el siglo XVII, las islas de las Especias, inicialmente el objetivo de exploradores como Vasco da Gama, fueron tomadas bajo el control de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales. A pesar de sus esfuerzos por monopolizar el comercio de especias, los directores de la compañía no comprendieron rápidamente que las islas no representaban la principal fuente de beneficios. En su lugar, concentraron sus esfuerzos en controlar los puertos comerciales de la región, lo que llevó a la violación de monopolios y la competencia agresiva con otras potencias europeas.



Características de la globalización económica


La globalización económica ha llevado a los países a abrir sus fronteras, impulsados por la interdependencia económica y la reducción de tarifas comerciales. Si bien esto ha generado beneficios en términos de exportaciones, flujo de divisas y acceso a productos y servicios de calidad a precios internacionales, también ha causado desequilibrios. Algunas naciones se han convertido en mercados de consumo sin una producción significativa, lo que ha provocado pérdida de divisas y endeudamiento externo. Uno de los efectos más comunes de esta dinámica es la devaluación de las monedas nacionales frente al dólar y el euro, afectando la estabilidad financiera de estos países.

Desde hace décadas, la globalización del comercio ha sido clave para la expansión de la economía mundial, con un crecimiento acelerado en el intercambio de bienes, servicios y tecnología. Aproximadamente el 40% de la producción mundial se exporta, generando un comercio valorado en billones de dólares. Para regular este flujo global, se han establecido sistemas centralizados de intercambio que definen los precios internacionales y facilitan la distribución de información sobre la oferta y la demanda. Sin embargo, este modelo también ha contribuido a una mayor concentración de riqueza, beneficiando a las potencias económicas mientras amplía la brecha entre los países ricos y pobres.

El impacto de la globalización se refleja en la creciente desigualdad económica a nivel mundial. Informes de la ONU han mostrado cómo, desde la década de 1960, la diferencia de ingresos entre los más ricos y los más pobres se ha duplicado, generando un sistema donde los sectores más vulnerables tienen dificultades para acceder a nuevas tecnologías y oportunidades de crecimiento. Las leyes de propiedad intelectual y patentes han reforzado estas barreras, limitando el desarrollo de muchas naciones. Este fenómeno plantea un desafío para la gobernabilidad y la estabilidad económica, obligando a los países menos favorecidos a adaptarse a un sistema en el que la competitividad es clave para la supervivencia.



Las poblaciones y la economía globalizada


La globalización ha transformado la manera en que los países y empresas interactúan en el mercado internacional. Lo que comenzó como una estrategia de expansión basada en acuerdos comerciales evolucionó hasta convertirse en un sistema donde las grandes corporaciones operan a nivel mundial, dando lugar a transnacionales que influyen en la economía global. En este escenario, los países subdesarrollados han encontrado oportunidades laborales a través de franquicias y sedes de empresas extranjeras, mientras que las potencias industriales han descentralizado la producción para reducir costos, generando una red interconectada de trabajo y comercio.

Sin embargo, esta interdependencia económica no ha sido equitativa. Organismos como la ONU han documentado el crecimiento acelerado de potencias como Japón, EE.UU. y China, en contraste con las dificultades que enfrentan otras naciones incapaces de competir en este sistema globalizado. La concentración del poder económico en unas pocas entidades ha contribuido a la desigualdad, dejando a ciertos países en una posición de vulnerabilidad frente a un mercado cada vez más exigente y dominado por gigantes empresariales.

Nunca antes en la historia un modelo económico había logrado expandirse con tanta rapidez y profundidad como el capitalismo en la era de la globalización. Las grandes empresas han absorbido a las más pequeñas, convirtiéndolas en sucursales en lugar de competidores, redefiniendo las dinámicas del mercado. Este fenómeno ha influido en la gobernabilidad, planteando desafíos para los Estados en términos de regulación y control. Mientras algunos países prosperan con este modelo, otros luchan por adaptarse, reflejando las complejidades de un sistema que sigue evolucionando con nuevas reglas y condiciones.